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Cartas de San Juan de Dios

 

Advertencia preliminar

Las cartas de San Juan de Dios son de una importancia excepcional tanto para Hermanos como para Colaboradores de la Orden Hospitalaria, pues estos escritos nos proporcionan un rico conocimiento de la vida interior y de las motivaciones apostólicas de nuestro Fundador, constituyen una de las fuentes principales de donde deriva el espíritu de nuestras Constituciones y son, por lo mismo, uno de los mejores medios que tenemos para fortalecer nuestra identidad juandediana.

Las seis cartas que han llegado hasta nosotros son auténticas, pues nos transmiten las palabras y el pensamiento de San Juan de Dios. Cuatro de ellas (LB, lGL, 2GL, 2DS), además, son originales, es decir, las tenemos en el mismo ejemplar en que fueron escritas por primera vez. Ninguna de las seis es autógrafa, porque ninguna de ellas fue escrita de mano del Santo, ya que él se servía ordinariamente de un escribano o amanuense, como, por lo demás, era costumbre en la época. Autógrafa es solamente la firma, consistente en las tres conocidas letras o signos que él usaba para identificarse. Esta firma se conserva en las cuatro cartas originales y en un recibo subscrito por San Juan de Dios en Granada el 6 de diciembre de 1548.

En esta edición se presenta el texto dividido en párrafos, según la numeración adoptada para toda la Orden con ocasión de la publicación de las nuevas Constituciones.

El asterisco colocado junto a algunas palabras, de una u otra columna, remite a las pocas notas explicativas que van al final de cada carta.

En esta edición presentamos no presentamos el texto original (castellano antiguo) sino que transcribimos los textos de las Cartas en un lenguaje más cercano al de nuestros días; no obstante, se ha conservado siempre el vos como pronombre de segunda persona de singular, ya que ese era el tratamiento normal de la época y, por consiguiente, más apto para mantener el sabor propio del original.


CARTA A LUIS BAUTISTA

1.En el nombre de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Señora la Virgen María, siempre entera. *

Dios ante todo y sobre todas las cosas del mundo.

Dios os salve, hermano mío en Jesucristo e hijo mío muy amado, Luis Bautista.

2.Recibí una carta vuestra, que me enviasteis desde Jaén:

me causó gran satisfacción y me alegré mucho con ella,

aunque he sufrido por el dolor de muelas que habéis tenido,

pues todos vuestros males me afligen y todos vuestros bienes me alegran.

3.Me enviáis a decir que no habéis encontrado ahí ninguna provisión para lo que ibais buscando; por otra parte me hacéis saber que queréis ir a Valencia, no sé adonde: a esto no sé qué deciros.

4.Os escribo esta carta tan de improviso, para enviárosla en seguida, y lo hago tan de prisa,

que casi no tengo tiempo de encomendar a Dios este asunto: y, sin embargo, es necesario encomendarlo mucho a nuestro Señor Jesucristo y con más tiempo del que yo dispongo.

5.Además, viendo yo lo flaco que sois muchas veces en relación con las mujeres, no sé qué aconsejaros de vuestra venida aquí; tanto más que Pedro no se ha marchado ni sé cuándo lo hará, aunque él dice que quiere irse: pero de cierto yo no sé cuándo será su marcha.

6.Si yo supiera con certeza que aquí ibais a lograr algún fruto para vuestra alma y la de los demás, al punto os mandaría venir; pero temo que no sea así.

Por eso me parece mejor que paséis ahora estrecheces durante algunos días, hasta que podáis venir muy bien preparado para saber soportar los trabajos y el alternarse de días especialmente difíciles con otros de completa bonanza.

Por otro lado me parece también que, si con ese viaje os vais a perder, sería mucho mejor que os volvieseis.

En fin, en esto Dios sabe qué es lo mejor y dónde está la verdad.

7.Por lo cual creo preferible que, antes de dejar el lugar donde estáis, lo encomendéis mucho

a nuestro Señor Jesucristo y que yo haga aquí otro tanto: para eso será bueno que me escribáis con frecuencia; conviene, además, que os informéis ahí preguntando a los peregrinos que pasan de un lado para otro: ellos os podrán decir cómo está esa tierra de Valencia.

Si, al fin, os vais a esta ciudad podréis ver las reliquias de San Vicente Ferrer. *

8.Estoy viendo que andáis como barca sin remo; también yo muchas veces me encuentro en duda, sin saber cómo orientarme.

Total, que estamos los dos sin saber qué hacer, ni vos ni yo.

Por tanto, Dios que lo sabe y lo remedia todo nos socorra e ilumine.

9.Me parece también que andáis como piedra movediza, por lo cual será bueno que tratéis un poco de domar vuestra carne y de pasar vida dura: hambre y sed; deshonras, cansancios y angustias; trabajos y sinsabores; procurando pasarlo todo por Dios, ya que, si acá venís,

tendréis que sufrir todo esto por su amor: y sabed que por todo tenéis que dar muchas gracias a Dios, por los bienes y por los males.

10.Acordaos de nuestro Señor Jesucristo y de su bendita pasión: al mal que le hacían correspondía con el bien. Así tenéis que hacer vos, hijo mío Bautista, para que cuando vengáis a la casa de Dios sepáis distinguir lo malo de lo bueno.

y vuelvo a deciros que si tuvierais la seguridad de que con ese viaje os vais a perder, más valdría que os volvierais aquí o a Sevilla, adonde nuestro Señor Jesucristo más os guiase.

11.Mas si acá venís, tendréis que obedecer mucho y trabajar mucho más de lo que hasta aquí habéis trabajado: y todo en cosas de Dios, desvelándoos por el cuidado de los pobres. Aquí tenéis la puerta siempre abierta: me gustaría que vinieseis dispuesto a mejorar cada día; os lo digo como a un hijo y a un hermano.

12.En esta carta quizá no me comprenderéis, pues estoy muy de prisa y no puedo alargarme escribiendo: no sé si el Señor querrá que volváis tan pronto a esta casa, ni sé tampoco si su voluntad será que padezcáis algo por allá.

Sea como quiera, tened presente que, si venís, tenéis que venir decididamente y deberéis guardaros mucho de las mujeres, como del diablo.

13.Ya va llegando el tiempo en que tendréis que tomar estado.

Si os decidís a venir aquí, será necesario que estéis dispuesto a hacer algo por Dios y a dejar el cuero y las correas:* acordaos de San Bartolomé, que lo desollaron y llevó el pellejo a cuestas.

Por tanto, si acá venís, ha de ser para trabajar, no para pasarlo bien: tened en cuenta que al hijo más querido se le dan mayores trabajos.

14.Con respecto a vuestra venida, haced lo que mejor os pareciere y Dios os diere a entender.

Si por ahora preferís recorrer un poco el mundo en busca de alguna aventura con la que servir mejor a Dios -como hacen los que van a las Indias a probar suerte-, hacedlo todo como El quiera y sea de su agrado; pero procurad escribirme siempre desde cualquier parte donde os encontréis.

15.Tened presente a Dios todos los días de vuestra vida; oíd misa entera siempre; confesaos a menudo, si es posible; no durmáis en pecado mortal ninguna noche; amad a nuestro Señor Jesucristo sobre todas las cosas del mundo, pues por mucho que vos le améis mucho más os ama él.

Tened siempre caridad, porque donde no hay caridad no hay Dios,  aunque Dios en todo lugar está.

16.En cuanto pueda iré a dar vuestros saludos a Lebrija.

Ya entregué vuestra carta a Bautista en la cárcel: se alegró mucho con ella y le dije que os escribiera en seguida para enviaras la contestación; ahora quiero ir a ver si ya ha escrito

para enviárosla.

Daos por cumplido con todos, pues a todos di vuestros recuerdos: a mayores y a pequeños,

a la Ortiza y a Miguel.

Pedro dice que si venís, estaréis allí con él hasta que se marche; y lo mismo si después vuelve.

17.Por ahora no me queda nada que deciros, sino que Dios os salve y os guarde, y os encamine en su santo servicio, tanto a vos como a todo el mundo.

Termino de escribir, pero no de rogar a Dios por vos y por todos: a este propósito puedo deciros que me ha ido muy bien con el rosario; por eso, con la ayuda de Dios, pienso rezarlo siempre que pueda y El lo permita.

18.Ya os lo he dicho: si viereis que con ese viaje os vais a perder, vos veréis lo que hacéis.

Por tanto, antes de dejar esa ciudad, mandad celebrar algunas misas al Espíritu Santo y a los Reyes Magos, si tenéis con qué; mas si no podéis, con la buena voluntad basta; pero si tampoco esto fuera suficiente, supla la gracia de Dios.

19.El menor hermano de todos, Juan de Dios (si Dios quisiere, muriendo; mas, empero, callando y en Dios esperando),* esclavo de nuestro Señor Jesucristo, deseoso de servirle. Amén, Jesús.

Aunque no soy tan buen esclavo como otros, pues con frecuencia soy negligente y muchas veces le soy traidor; es verdad que me pesa mucho de ello, pero mucho más me tenía que pesar.

Dios quiera perdonarme a mí y salvar a todo el mundo.

20.Escribidme con todo lo que pasa por ahí. Aquí dentro os mando una carta cerrada que me enviaron para que os la diese: por delicadeza no quise abrirla y por eso no sé si es para vos

o para Bautista el de la cárcel; leedla y, si fuere para éste, enviádmela para que se la entregue; y si Bautista hubiere escrito su carta, la mandaré con estas dos.

Nada más que ahora.

Quedaos con Dios y andad con Dios.

NOTAS

Al número 1:

Con la expresión “siempre entera”, S. Juan de Dios se refiere simplemente a la integridad virginal de Maria, resumiendo en esas dos palabras la fórmula tradicional con la que solemos explicar su perpetua virginidad, cuando decimos que María fue virgen antes del parto, en el parto y después del parto, es decir, “siempre virgen” (cfr. Diccionario Manual de la Real Academia, ed. 195O, palabra ENTERO-RA: fig. “Dícese de la mujer virgen”). Valga esta nota para todos los lugares en los que el Santo usa dicha expresión: 1 GL 1, 5, 6; 2GL 2; lDS 2; 2DS 1; 18; 3DS 2.

Al número 7:

S. Vicente Ferrer murió en Vannes (Francia), el5 de abril de 1419. Su cuerpo fue llevado procesionalmente a la catedral de dicha ciudad y sepultado, dos días después, entre el altar mayor y el coro. Antes de que la Iglesia se pronunciase sobre la santidad de Vicente, ya se había erigido un altar delante de su sepulcro, donde se celebraba habitualmente la misa en su honor. El 29 de junio de 1455 fue elevado al honor de los altares por Calixto 111. La ciudad de Valencia, donde el santo dominico había nacido en 135O, consiguió algunas reliquias insignes suyas, pero el cuerpo, como tal, continúa en la catedral de Vannes, por lo cual la expresión de S. Juan de Dios, en su sentido propio, hay que referirla sólo a dichas reliquias (cfr. Bibliotheca Sanctomm, vol. XII, col. 1168-1176).

Al número 13:

“Dejar el cuero y las correas” es una expresión figurada y familiar que S. Juan de Dios emplea aquí para indicar a Luis Bautista que tiene que estar dispuesto a entregarse por completo al servicio del prójimo sin esperar ninguna recompensa humana (cfr. Diccionaro Manual de la Real Academia, ed. 1950, palabra CUERO: “Poner cuero y correas”). El mismo sentido tiene la frase “ser desollado y llevar el pellejo a cuestas”, con la que, a continuación, le propone el ejemplo de S. Bartolomé, aludiendo a la forma de martirio que, según algunos, sufrió este apóstol.

Al número 19:

“Si Dios quisiere, muriendo; mas, empero, callando y en Dios esperando”. Con una breve explicación, podremos descubrir el rico contenido de esta especie de estribillo, que S. Juan de Dios añade a su nombre en la despedida de sus cartas.

Nuestro Santo sabe muy bien que no basta llamarse “de Dios” para serlo realmente. El se considera un hombre flaco, que necesita ser ayudado con las oraciones de todos sus hermanos para poder mantenerse firme en la virtud (cfr. 2GL 11-12; 2DS 24-25); se confiesa “traidor” a Jesucristo y, por tanto, necesitado del perdón de Dios (cfr. LB 19). Por eso piensa que sólo después de la muerte (“muriendo”), cuando por la misericordia divina hayan desaparecido todas las flaquezas humanas y los peligros de separarse del Señor, podrá ser plenamente “de Dios” y, por consiguiente, llevar con propiedad ese nombre.

Por otra parte, S. Juan de Dios es consciente de que “Quien te creó sin ti, no te salvará sin ti”, según la conocida sentencia de San Agustín; por lo cual cree que, mientras llega la muerte y con ella la salvación eterna, podrá ser “de Dios” y llevar legítimamente ese nombre solamente en la medida en que se esfuerce por acoger los designios del Señor en su vida (“callando”) y en proporción al empeño que ponga por llevarios a la práctica con el auxilio divino (“y en Dios esperando”).

Al número 20 (firma):

En esta carta se conserva sólo la mitad superior de la firma autógrafa de S. Juan de Dios, pues la mitad inferior ha desaparecido a causa de la mutilación existente en la segunda hoja del original.

 

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PRIMERA CARTA A GUTIERRE LASSO

El original de esta carta se encuentra también en Roma, en el archivo general de la Orden. El texto ocupa las dos caras de la primera hoja de un pliego que mide 44 por 32 centímetros. En el reverso de la segunda hoja aparece el sobrescrito con el destinatario de la carta.

PRIMERA CARTA A GUTIERRE LASSO

Entréguese esta carta al muy noble, virtuoso y generoso caballero de nuestro Señor Jesucristo, Gutierre Lasso, esclavo de nuestro Señor Jesucristo y deseoso de servirle. Amén, Jesús.

Désele en su propia mano, en Málaga o donde estuviere. Amén, Jesús.

1.En el nombre de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Señora la Virgen María, siempre entera.

Dios ante todo y sobre todas las cosas del mundo.

Dios os salve, hermano mío en Jesucristo, Gutierre Lasso, a vos y a todos los que os rodean, y a cuantos Dios quisiere y tuviere por bien.

Amén, Jesús.

2.La presente es para haceros saber que llegué con muy buena salud, gracias a Dios, y que traje más de cincuenta ducados: con lo que tenéis ahí y lo que yo he traído creo que llegará a cien ducados.

Pero después de mi venida ya me he endeudado en treinta ducados o más, pues ni lo que vos tenéis ni lo que yo he traído es bastante, ya que tengo que mantener a más de ciento cincuenta personas: aunque es Dios quien lo mantiene todo cada día.

Si a esos veinticinco ducados que ahí tenéis podéis añadir alguna cosa más, todo vendrá bien, pues todo es necesario; mandadme también todos los pobres llagados que haya por ahí: mas si nada de esto puede ser no por eso me sentiré apenado o contrariado.

3.Enviadme cuanto antes los veinticinco ducados, porque debo todo eso y mucho más, y los acreedores están esperando.

Os acordaréis que os los di una noche, en un taleguillo de lienzo, mientras ambos paseábamos en vuestro huerto de los naranjos.

Yo espero en nuestro Señor Jesucristo que llegará el día en que os pasearéis en el huerto celestial.

4.El arriero tenía mucha prisa y por eso no he podido escribir largamente; además, es tanto el trabajo que aquí he tenido que no me queda ni un momento de sosiego.

Os pido de nuevo, por amor de nuestro Señor Jesucristo, que me enviéis sin dilación ese dinero, pues me lo piden con mucha insistencia.

5.Por amor de nuestro Señor Jesucristo, os ruego que deis mis recuerdos a la muy noble, virtuosa y generosa esclava de nuestro Señor Jesucristo, vuestra mujer: la cual tanto desea servir y agradar a nuestro Señor Jesucristo y a nuestra Señora la Virgen María, siempre entera; y, por amor de Dios, obedecer y servir a su marido, Gutierre Lasso, esclavo de nuestro Señor Jesucristo, deseoso de servirle. Amén, Jesús.

6.Saludaréis también en mi nombre a vuestro hijo, el arcediano, que estuvo conmigo pidiendo la bendita limosna; el cual es el menor esclavo de los esclavos de nuestro Señor Jesucristo

y de nuestra Señora la Virgen María, siempre entera, y desea en todo momento servir y agradar a nuestro Señor Jesucristo y a su bendita madre, nuestra Señora la Virgen María.

Decidle que me escriba cuanto antes, con la ayuda de Dios.

7.Escribidme también vos, buen caballero y buen hermano mío en Jesucristo, Gutierre Lasso;

dad mis recuerdos a todos vuestros hijos e hijas y a todos cuantos vos quisiereis.

En Málaga hablaréis por mí y saludaréis en mi nombre al obispo y a todos los demás que vos quisiereis y viereis, pues me siento en la obligación de rogar a Dios por todos.

8.No estéis preocupado por ese buen caballero, hijo vuestro, que, según creo, es el primogénito: será de él lo que Dios quisiere.

¡Nuestro Señor Jesucristo le encamine en todas sus cosas, obras y acciones!

A mí me parece que, siendo del agrado de Dios, será bueno casarlo lo más pronto que podáis, si él desea abrazar este estado.

Pero aunque os digo que lo caséis cuanto antes, con esto no quiero decirque os preocupéis demasiado por eso, ya que vuestra preocupación ahora ha de ser el rogar a Dios que le dé una buena mujer, pues me parece que es todavía muy joven.

¡Nuestro Señor Jesucristo haga que en sabiduría sea viejo!

9.Cada uno debe tomar el estado que conociere ser voluntad de Dios; por eso los padres y las madres no tienen que preocuparse ni angustiarse antes de tiempo.

Su principal cuidado ha de ser el rogar a Dios que les dé a todos, hijos e hijas, el estado de gracia: cuando Dios quisiere, el uno se casará y el otro cantará misa.

De lo que estoy diciendo, por supuesto, yo no sé nada; es Dios quien lo sabe todo.

¡Quiera nuestro Señor Jesucristo que todo suceda como vos deseáis y de la manera en que él sea mejor servido!

10.Nuestro Señor Jesucristo sabe mejor que nadie lo que ha de hacer con vuestros hijos e hijas; por tanto, todo lo que él hiciere lo habéis vos de aceptar y lo habéis de tener por bueno.

11.Los pecados que yo cometiere tengo que confesarlos y hacer penitencia de ellos; y pues el bien que el hombre hace no es suyo, sino de Dios, a Dios la honra, la gloria y la alabanza,

puesto que todo lo bueno es de Dios.

Amén, Jesús.

12.Vuesto menor hermano, Juan de Dios (si Dios quisiere, muriendo; mas, empero, callando y en Dios esperando), *  el que desea la salvación de todos como la suya misma. Amén, Jesús.

Quiera nuestro Señor Jesucristo que todo lo que vos y vuestros hijos e hijas hiciereis sea para servicio suyo y de nuestra Señora la Virgen María.

Que nuestro Señor Jesucristo os guarde de hacer algo que a él no agrade.

Amén, Jesús.

 

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SEGUNDA CARTA A GUTIERRE LASSO

El original de esta carta, como el de las dos anteriores, está en el archivo general de la Orden, en Roma. Es el que en mejor estado se ha conservado. Se trata también de un pliego de doble hoja, de 44 por 32 centímetros. El texto ocupa tres caras completas y la mitad de la última. Es la única carta del Santo que tiene consignada la fecha. La firma autógrafa de San Juan de Dios está completa y en buen estado.

SEGUNDA CARTA A GUTIERRE LASSO

1.Entréguese esta carta al muy noble, virtuoso y generoso caballero de nuestro Señor Jesucristo, Gutierre Lasso, esclavo de nuestro Señor Jesucristo y deseoso de servirle. Amén, Jesús.

Désele en su propia mano, en Málaga o donde estuviere. Amén, Jesús.

2.En el nombre de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Señora la Virgen María, siempre entera.

Dios ante todo y sobre todas las cosas del mundo.

Amén, Jesús.

Dios os salve, hermano mío en Jesucristo,  muy amado y muy querido en Cristo Jesús.

3.La presente es para haceros saber que me encuentro muy atribulado y con mucha necesidad: ¡Gracias a nuestro Señor Jesucristo por todo ello!

Porque, habéis de saber, hermano mío muy amado y muy querido en Cristo Jesús, que son tantos los pobres que aquí vienen, que yo mismo muchas veces quedo maravillado de cómo se pueden sustentar: pero Jesucristo lo provee todo y les da de comer.

4.En efecto, solamente para leña son necesarios siete u ocho reales cada día; pues como la ciudad es grande y muy fría, especialmente ahora en invierno, son muchos los pobres que acuden a esta casa de Dios: por lo que entre todos, enfermos y sanos, gente de servicio y peregrinos, hay más de ciento diez.

5.Además, siendo esta casa de carácter general se reciben en ella, sin distinción, enfermos y gentes de todas clases: así que aquí se encuentran tullidos, mancos, leprosos, mudos, locos, paralíticos, tiñosos y otros muy viejos, y muchos niños; y esto sin contar otros muchos, peregrinos y viandantes, que aquí acuden, a los cuales se les da fuego, agua y sal, y vasijas para guisar de comer.

6.Y para todo esto no hay renta, mas Jesucristo lo provee todo: pues no pasa día en que no sean necesarios, para el abastecimiento de la casa, cuatro ducados y medio, y a veces cinco;

y esto sólo para pan, carne, gallinas y leña, porque las medicinas y los vestidos son otro gasto aparte.

7.Y el día que no se recoge limosna suficiente para proveer a lo que he dicho, lo tomo fiado,

y otras veces tienen que ayunar.

Así es que, de esta manera, me encuentro aquí lleno de deudas y entrampado, sólo por Jesucristo, ya que debo más de doscientos ducados de camisas, capotes, zapatos, sábanas y mantas, y de otras muchas cosas que son necesarias en esta casa de Dios; y también de la crianza de niños que aquí abandonan.

8.Por lo cual, hermano mío muy amado y muy querido en Cristo Jesús, es tal la situación en que me encuentro que muchas veces no me atrevo a salir de casa por las deudas que tengo; por otra parte, viendo padecer a tantos pobres, hermanos y prójimos míos, y con tantas necesidades, tanto corporales como espirituales, al no poder socorrerlos, quedo muy triste;

pero a pesar de todo confío sólo en Jesucristo: estoy seguro de que él me sacará de apuros,

pues él conoce mi corazón.

9.Por eso yo. siempre digo: ¡Maldito el hombre que se fía de los hombres y no sólo de Jesucristo!

De los hombres has de ser desamparado, quieras o no, pero Jesucristo es siempre fiel; y pues Jesucristo lo provee todo, a él sean dadas las gracias por siempre jamás.

Amén, Jesús.

10.¡Hermano mío muy amado y muy querido en Cristo Jesús!

Os doy cuenta de mis trabajos porque sé que los sentís como yo sentiría los vuestros.

y como sé que amáis a Jesucristo y os compadecéis de sus hijos, los pobres, por eso os pongo al corriente de sus necesidades y de las mías.

11.Y puesto que todos tendemos al mismo fin, aunque cada uno va por su camino, según el beneplácito de Dios y la vocación recibida, bueno será que nos ayudemos los unos a los otros.

Por tanto, hermano mío muy amado en Jesucristo, no dejéis de rogar a Jesucristo por mí, para que me dé gracia y fuerza con las que yo pueda resistir y vencer al mundo, al diablo y a la carne; y me dé también humildad, paciencia y caridad para con mis prójimos;

12.que el Señor me conceda confesar con verdad todos mis pecados y obedecer a mi confesor,

despreciarme a mí mismo y amar sólo a Jesucristo; que me otorgue asimismo tener y creer

todo lo que tiene y cree la Santa Madre Iglesia: esto yo lo acepto y lo creo firmemente y con sinceridad.

Como lo profesa y lo cree la Santa Madre Iglesia, así lo profeso y lo creo yo: y de aquí no me muevo, echo mi sello y cierro con mi llave. *

13.Hermano mío en Jesucristo, mucho alivio siento al escribiros, pues me figuro que estoy hablando con vos.

Os doy cuenta de mis trabajos porque sé que los sentís de verdad, como lo he podido comprobar prácticamente las dos veces que he estado en esa ciudad, tanto por el buen recibimiento que me hicisteis, como por el aprecio que me habéis demostrado. Nuestro Señor Jesucristo os pague en el cielo la buena obra que hicisteis por él, por los pobres y por mí.

Sí, que Jesucristo os lo pague. Amén, Jesús.

14.Hermano mío en Jesucristo, saludaréis de mi parte a toda vuestra casa y a vuestros muy amados hijos, especialmente al maestrescuela, mi amado hermano en Jesucristo; asimismo al buen padre y hermano mío en Jesucristo, el obispo; y a doña Catalina, la que me alojaba,

hermana mía muy amada en Jesucristo, y a todos los demás: a cuantos Dios quisiere y tuviere por bien. Amén, Jesús.

15.Hermano mío en Jesucristo, ahí os mando al joven que lleva la presente para que trate el asunto de un hombre soltero, natural de esa ciudad de Málaga, que murió en este hospital

y dejó ciertos bienes a esta casa, referentes a una heredad de viña o un censo; él mismo os podrá informar de todo pues lo ha estado tratando desde el principio.

16.Mi deseo es que todo eso se venda porque tengo mucha necesidad del dinero y es poca la renta para tener que ir cada año a cobrarla.

Así pues, por amor de nuestro Señor Jesucristo, si supiereis quién quiere comprarlo, vendédselo en seguida, con tal que no pierdan nada ni el comprador ni los pobres.

Hacedlo cuanto antes, de forma que el portador de la presente pueda volver pronto con el dinero, pues es persona de mi confianza y lleva todo mi poder y los documentos que trajo de ahí.

17.Perdonadme por el mucho trabajo que os doy:  algún día os servirá de descanso en el cielo.

Por amor de nuestro Señor Jesucristo, os encomiendo este asunto, pues con el dinero que me trajeren tengo que comprar alguna ropa a los pobres para que rueguen a Dios por el alma del que lo dejó; además he de pagar la carne y. el aceite, pues ya no me quieren fiar

por lo mucho que debo y tengo que ir contentándolos con la promesa de que ahora me traerán dineros de Málaga.

18.No quiero pediros ahora el aguinaldo, pues sé que tenéis ahí muchos pobres a quienes socorrer; deseo sólo que nuestro Señor os dé la salvación del alma:*

que en esta vida cuitada el buen vivir es la llave de aquel que salvarse sabe que lo otro todo es nada.

19.Vuestro desobediente y menor hermano,

Juan de Dios

(si Dios quisiere, muriendo; mas, empero, callando y en Dios esperando), *

el que desea la salvación de todos como la suya misma. Amén, Jesús.

Granada, 8 de enero de 1550.

 

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PRIMERA CARTA A LA DUQUESA DE SESA

De esta carta no tenemos el original. En el archivo de la Curia General, en Roma, se conserva una copia simple que el licenciado Andrés de Barrionuevo, Comisario del Santo Oficio de Granada, envió al P. Domingo de Mendoza, juez instructor en el proceso informativo para la beatificación de S. Juan de Dios (1622-1623). Dicha copia ocupa tres caras enteras y parte de la cuarta, de un pliego de doble hoja, que mide 30 por 40 centímetros. Este es el texto que aquí se reproduce.

PRIMERA CARTA A LA DUQUESA DE SESA

1.Entréguese esta carta a la muy noble y virtuosa señora Doña María de Mendoza, Duquesa de Sesa, esposa del generoso señor Duque de Sesa, Don Gonzalo Fernández de Córdoba,

-a quien ella desea servir-, virtuoso y buen caballero de nuestro Señor Jesucristo.

Amén, Jesús.

Désele en su propia mano, en Cabra o donde estuviere.

Amen, Jesús.

2.En el nombre de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Señora la Virgen María, siempre entera.

Dios ante todo y sobre todas las cosas del mundo.

Amén, Jesús.

Dios os salve, hermana mía muy amada en Jesucristo, la buena Duquesa de Sesa, a vos y a todos los de vuestra casa, y a cuantos Dios quisiere y fuere de su agrado.

Amén, Jesús.

3.Con la presente, virtuosa Duquesa, quiero haceros saber que, tan pronto como salí de ahí,

me marché para Alcaudete, a ver a Doña Francisca, y desde allí me fui a Alcalá; aquí estuve muy enfermo durante cuatro días y me empeñé en tres ducados para socorrer a ciertos pobres muy necesitados.

Habiendo encontrado a todos los principales de la población muy revueltos contra el Corregidor, * una vez repuesto, me fui para Granada sin pedir en Alcalá.

¡Dios sabe la necesidad con que me esperaban los pobres!

4.¡Hermana mia en Jesucristo, buena Duquesa!

La limosna que me hicisteis, la tienen ya los ángeles en el cielo, asentada en el libro de la vida.

El anillo está bien empleado, pues con lo que me dieron por él hice vestir a dos pobres llagados y compré una manta: esta limosna está delante de Jesucristo rogando por vos.

El alba y los candeleros, los puse en seguida sobre el altar, en vuestro nombre, para que tengáis parte en todas las misas y oraciones que aquí se dijeren.

Quiera nuestro Señor Jesucristo daros por todo ello el galardón en el cielo. Dios os pague,

a vos y a todos los de vuestra casa, el buen recibimiento que me hicisteis.

Dios reciba en el cielo vuestra alma y la de cuantos en esa casa se encuentran.

5.Mucho es lo que tengo que agradecer a todos los señores de Andalucía y Castilla, pero mucho más al buen Duque de Sesa y a todas sus cosas.

Mucha y muy grande es la caridad que de su casa y hacienda he recibido.

¡Dios le recompense por las veces que me ha sacado de apuros cargando con mis deudas!

¡Nuestro Señor Jesucristo lo traiga sano y salvo y le dé hijos de bendición!

6.¡Oh buena Duquesa!

Lo que me encomendasteis -ya me entendéis-, siempre lo he tenido presente.

Dios ante todo y sobre todas las cosas del mundo: confiando sólo en Jesucristo, que es la perfecta certidumbre, me atrevo a afirmar, yo, Juan de Dios (si Dios quisiere), *que con la ayuda de Dios el Duque vendrá muy pronto, sano de alma y cuerpo; entonces, cuando llegue, si Dios lo quiere, vos misma podréis preguntarle lo que yo os dije y veréis, con la ayuda de Jesucristo, si era o no verdad todo eso.

Confiad sólo en Jesucristo.

¡Maldito el hombre que confía en el hombre!

De los hombres has de ser desamparado, quieras o no; pero no de Jesucristo, que es fiel y durable.

Todo perece, menos las buenas obras.

7.¡Oh buena Duquesa!

Andad siempre en duermevela y con el pie en el estribo; *pues, si bien nos fijamos, estamos en una guerra continua con el mundo, el diablo y la carne.

Así que necesitamos vivir siempre alerta, ya que no sabemos la hora en que llamarán a la puerta de nuestra alma, que será juzgada según se encuentre en aquel momento.

8.Cuando vayáis a acostaros, buena Duquesa, signaos y santiguaos; y, para reafirmaros en la fe, rezad el Credo, el Padrenuestro, el Avemaría y la Salve, ya que estas son las cuatro oraciones que manda decir la Santa Madre Iglesia. Procurad, además, que las digan todas vuestras doncellas y criadas; aunque así creo que lo hacéis siempre, pues cuando estuve ahí

ya las vi recitar la doctrina cristiana.

9.Muy desconsolada estaréis, hermana mía, la buena Duquesa de Sesa, pues me han dicho que ya se han marchado Don Alvaro y Don Bemardino.

Jesucristo vaya con sus almas, y los guíe y conduzca sanos y salvos ante vuestra virtuosa y humilde madre, Doña María de Mendoza.

No estéis afligida.

Consolaos sólo con Jesucristo.

No busquéis consuelo en esta vida, sino en el cielo.

y por todo lo que Dios quisiere daros acá abajo, estadle siempre agradecida.

10.Cuando os viereis atribulada, acudid a la pasión de nuestro Señor Jesucristo y a sus preciosas llagas: sentiréis un gran consuelo.

Mirad toda su vida, ¿qué fue, sino un trabajo continuo, para damos ejemplo?

De día predicaba y de noche oraba.

¿Por qué, pues, nosotros, pobres pecadores y gusanillos miserables, buscamos descanso y riqueza?

Tanto más que, aunque todo el mundo fuera nuestro, no nos haría en nada mejores ni nos contentaríamos por más que tuviésemos.

Unicamente estará contento quien, despreciadas todas las cosas, ame sólo y por entero a Jesucristo.

Hay que darlo todo por el todo, que es Jesucristo: esto es lo que vos hacéis y deseáis hacer, buena Duquesa, cuando decís que más queréis a Jesucristo que a todo el mundo y cuando, confiando siempre en él, amáis a todos por él, deseando que todos se salven.

11.¡Oh buena Duquesa!

¡Qué bien hacéis en estar sola y apartada en esa villa, como la casta tortolica, lejos de los entretenimientos de la Corte, esperando la llegada del buen Duque, vuestro generoso y humilde marido!

Así empleáis el tiempo en oraciones y limosnas, y en continuas obras de caridad, para que todo ello aproveche también a vuestro generoso y humilde marido, el buen Duque de Sesa,

y Jesucristo lo preserve de los peligros del cuerpo y del pecado del alma.

Quiera Dios traerlo pronto a vuestra presencia y daros hijos de bendición, para que siempre le sirváis y le améis, poniendo enteramente en sus manos el fruto que El os diere.

12.Mucho os debe el Duque, pues siempre rogáis a Dios por él y os tomáis tanto cuidado y trabajo para sacar adelante esa casa.

Con eso estáis practicando las obras de misericordia, ya que procuráis la comida y el vestido a todos los que ahí se encuentran, tanto a viejos tomo a jóvenes.

Igualmente esas doncellas y dueñas, y las huérfanas y viudas, ¿adónde irían sin vos?

Es verdad que todos ellos están obligados a serviros con lealtad, pero también vos debéis hacerles el bien, pues todos son amados por Dios.

13.Si considerásemos lo grande que es la misericordia de Dios, nunca dejaríamos de hacer el bien mientras pudiésemos; pues al dar nosotros, por su amor, a los pobres, lo que de El mismo hemos recibido, nos promete el ciento por uno en la bienaventuranza.

¡Oh estupendo lucro y ganancia!

¿Quién no querrá dar lo que tiene a este bendito mercader?

No hay para nosotros trato tan ventajoso.

Por eso nos ruega, con los brazos abiertos, que nos convirtamos y lloremos nuestros pecados, y que hagamos caridad, primero a nuestras almas y después a los prójimos, porque como el agua apaga el fuego, así la caridad borra el pecado.

14.Hermana mía en Jesucristo, habéis de saber que me encuentro en gran dificultad, como mi compañero Angulo os podrá explicar, pues estoy renovando toda la casa, que estaba en muy mal estado y se llovía por todas partes.

Así que, con esta obra, me hallo muy necesitado y he pensado escribir a Zafra, al Conde de Feria y al Duque de Arcos; confío en que el Maestro Avila, que está allí ahora, será un buen mediador y me enviarán algún socorro para salir del aprieto.

Con la ayuda de Jesucristo, estoy seguro de que lo harán.

15.Hermana mía, siempre os estoy causando incomodidades y molestias, mas yo espero que algún día Dios os lo convertirá todo en descanso para vuestra alma.

Habéis de saber que el otro día, cuando estuve en Córdoba, andando por la ciudad, encontré una casa con grandísima necesidad: vivían allí dos muchachas, con el padre y la madre enfermos en la cama, paralíticos hacía diez años; tan pobres y mal cuidados los vi, que me despedazaron el corazón.

Estaban desnudos, llenos de piojos y acostados sobre unos haces de paja.

Los socorrí con lo que pude, pero no los atendí como yo hubiera querido, pues tenía que tratar con el Maestro Avila y andaba de prisa.

16.El Maestro A vila me mandó salir en seguida y que me volviese a Granada; así que, con esta prisa, dejé a estas pobres muchachas encomendadas a ciertas personas, pero no lo han tenido en cuenta, sea porque no han querido o porque no han podido hacer más.

Me han escrito una carta y me han destrozado el corazón con lo que en ella me dicen.

Yo estoy tan escaso de recursos que el día que tengo que pagar a los trabajadores se quedan algunos pobres sin comer.

¡Dios lo sabe y sea mi testigo!

El último real de que disponía se lo di a Angulo para el viaje.

17.Pues bien, buena Duquesa, es mi deseo, si fuere del agrado de Dios, que ganéis vos con esta limosna el mérito que esas personas perdieron.

Son cuatro ducados en total: tres, para que aquellas pobres se compren dos mantas y dos faldellines, pues si es verdad que un alma vale más que todos los tesoros del mundo, no podemos permitir que aquellas muchachas pequen por tan poca cosa; el otro ducado será para el viaje de ida y vuelta a Zafra de mi compañero Angulo, pues estoy aguardándole para ver si vuelve con algún socorro.

Es cierto que debéis ayudar a vuestros vasallos antes que a los extraños, pero dar acá o dar alla, todo es ganar: a más moros, más ganancia.*

Y si no os fuera posible ahora hacer esta limosna, volvería Angulo a Alcaudete para vender dos cahíces de trigo; pero si le diereis los cuatro ducados, ya sabe él lo que tiene que hacer

y dónde viven esas pobres jóvenes.

18.Hermana mía, saludaréis en mi nombre a vuestra ama, la de Valladolid, y a todas esas doncellas: a la que canta y a todas las de la casa, así como a Mosén Juan.

Nuestro Señor Jesucristo os guarde del mal, buena Duquesa.

Vuestro menor y desobediente hermano, Juan de Dios (si Dios quisiere, muriendo; mas, empero, callando y en Dios esperando),* el que desea la salvación de todos como la suya misma.

Amén, Jesús.

19.Buena Duquesa, si diereis a Angulo esa limosna, dadle también una carta de dos renglones

para que me la traiga; así sabré que la necesidad está remediada.

Al trigo ya le llegará su vez.

Y mandadme cuando antes a Angulo con lo que Dios quisiere y fuere de su agrado, y con lo que vos le diereis.

Amén, Jesús.

NOTAS

Al número 1:

El sobrescrito de esta carta no existe en la copia que aquí se reproduce, pero sí en otras de la misma época. Aquí se transcribe el que trae Govea en su biografía del Santo, publicada en Madrid el año 1624, pág. 200 v.

Al número 3:

CORREGIDOR: Funcionario real que en los pueblos ejercia la autoridad judicial y gubernativo-administrativa. El nombre proviene de que fueron nombrados para corregir abusos. La institución se desarrolla plenamente en el siglo XV. Los corregidores fueron suprimidos en 1835, siendo sustituidos por los jueces de primera instancia en las funciones judiciales y por los alcaldes en las gubernativo-administrativas (cfr. Enciclopedia “Espasa”, tomo 15, palabra CORREGIDOR).

Al número 6:

Este “si Dios quisiere”, que S. Juan de Dios añade aquí a su nombre, es la respuesta que nuestro Santo tenía siempre en sus labios para expresar los sentimientos que brotaban en su corazón al sentirse llamar Juan “de Dios”. Así responde al Obispo de Tuy cuando le impone dicho nombre (cfr. CASTRO, cap. XVII, en GOMEZMORENO, Primicias históricas, pág. 80) y siempre que se sknte llamar de esa manera: “...todos le decían Joan de Dios, y él respondia a todos: Si Dios quisiere” (Testigo 86, en GOMEZ-MORENO, o.c., pág. 258). Se trata del mismo estribillo que el Santo añade a su nombre en las despedidas de sus cartas, abreviado en la forma, pero idéntico en su profundo significado (cfr. LB 19, nota).

Al número 7:

“Andad a duerme y vela, el pie en el estribo”: con estas dos expresiones figura das, San Juan de Dios exhorta a la Duquesa a practicar la vigilancia cristiana en sus dos formas principales: la primera, como quien nunca se entrega a un sueño profundo (“en duermevela”), para no dejarse sorprender por los enemigos del alma, y la segunda, como quien siempre está preparado para emprender un viaje imprevisto (“con el pie en el estribo”), en esta caso el viaje a la eternidad.

Al número 17:

“A más moros, más ganancia”: expresión figurada tomada de nuestra guerras con los moros, con la cual se desprecian los riesgos, afirmando que a mayor dificultad es mayor la gloria del triunfo (cfr. Enciclopedia “Espasa”, tomo 36, palabra MORO; Diccionario Manual de la Real Academia, ed. 1950, id.).

Al número 18:

Cfr. LB, nota al número 19.

Al número 18 (firma):

Por testimonio de Fray Juan Francisco Román, Procurador General de la Orden, en la petición presentada al P. Domingo de Mendoza el 27 de junio de 1623, consta que el original de esta primera carta a la Duquesa de Sesa estaba firmado por San Juan de Dios con “la misma cifra que las originales”, es decir, con las mismas letras o signos convencionales utilizados por el Santo en las tres cartas originales entonces conocidas.

 

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SEGUNDA CARTA A LA DUQUESA DE SESA

El original de esta carta se conserva en el camarín de la Basílica de San Juan de Dios de Granada. Es la más extensa de las seis cartas conocidas del Santo. Consta de cuatro hojas, de 22 por 32 centímetros. El texto ocupa siete caras completas y termina en la octava con las seis últimas líneas y la firma autógrafa de San Juan de Dios. Esta carta no fue exhibida en el proceso de beatificación.

SEGUNDA CARTA A LA DUQUESA DE SESA

1.En el nombre de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Señora la Virgen María, siempre entera.

Dios ante todo y sobre todas las cosas del mundo.

Amén, Jesús.

Dios os salve, hermana mía muy amada en Jesucristo, la muy noble, virtuosa, generosa y humilde Duquesa de Sesa, a vos y a todos los de vuestra casa: Jesucristo os salve y os guarde, con todos cuantos Dios quisiere y fuere de su agrado.

Amén, Jesús.

2.La presente es para haceros saber cómo estoy y para daros cuenta de todos mis trabajos,  necesidades y angustias, los cuales cada día se me acrecientan, especialmente ahora, ya que tanto las deudas como los pobres aumentan sin cesar: son muchos los que vienen desnudos, descalzos, llagados, y hasta llenos de piojos, de tal manera que es necesario tener uno o dos  hombres que no hagan otra cosa sino escaldar piojos en una caldera hirviendo; y esto habrá que hacerlo de ahora en adelante, durante todo el invierno, hasta el venidero mes de mayo. De este modo, hermana mía en Jesucristo, mis trabajos crecen cada día mucho más.

3.Ya veis cómo nuestro Señor Jesucristo ha querido llevarse a una tan querida y amada sierva suya, Doña Francisca, hija de Don Bernardino y sobrina del Marqués de Mondéjar.

Todos sabemos el mucho bien que hizo siempre a los pobres mientras vivió en este mundo, con esa gracia tan especial que nuestro Señor Jesucristo le había dado. Nunca le faltaba la bendita limosna con que socorrer a quienes por amor de Dios se la pedían, y así nadie se iba de su casa sin consuelo; a todo lo cual hay que añadir los buenos consejos y el buen ejemplo que daba esta bienaventurada doncella, así como la buena doctrina que enseñaba.

4.Son tantas las buenas obras que hacía, que para escribir las todas haría falta un gran libro:

algún día escribiré más largamente sobre las cosas de esta bienaventurada doncella, Doña Francisca.

Nuestro Señor Jesucristo ha querido llevada ahora consigo, adonde está viva y sana y con mucho gozo y descanso, juzgando según lo que enseña nuestra fe y por lo que hemos visto en ella todas las personas que la conocíamos.

El deseo de cumplir la voluntad de Dios, y de corresponder a lo que Jesucristo obraba en ella y a la gracia que le daba, la llevaban a hacer el bien a todos, tanto con buenos consejos como con limosnas: para todo y para todos le daba gracia Jesucristo; por tanto, como he dicho, según la enseñanza de nuestra fe y por lo que aquí en la tierra le hemos visto hacer todos los que la conocíamos, no podemos pensar sino que ahora está descansando con nuestro Señor Jesucristo y con todos los ángeles de la corte celestial.

5.Mucho han sentido su muerte todos los que la conocían, tanto pobres como ricos; mucho más, y con mucha más razón que nadie, debería sentirla yo, por el consuelo y los buenos consejos que siempre me daba, pues por más afligido que llegara a su casa,  nunca salía de allí sin alivio y buen ejemplo. *

Puesto que ha sido voluntad del Señor el privarnos de tanto bien, bendito sea por siempre, pues él sabe mejor que nosotros lo que tiene que hacer y lo que nos conviene.

6.Hermana mía, muy amada en Cristo Jesús, he querido da ros cuenta de mis trabajos,  angustias y necesidades, porque sé que os compadecéis de mí como yo haría en vuestras dificultades.

Mucho os debo, buena Duquesa: nunca olvidaré lo bien que me tratasteis, mucho mejor de lo que yo merecía.

Nuestro Señor Jesucristo os lo pague en el cielo y os traiga sano y salvo al buen Duque de Sesa, vuestro muy humilde marido; que el Señor os dé hijos de bendición para que con ellos le sirváis y le améis sobre todas las cosas del mundo.

7.Confiad sólo en Jesucristo: estad segura de que vuestro marido vendrá muy pronto, sano de cuerpo y alma; no estéis acongojada ni afligida.

Veréis cómo de ahora en adelante os sentiréis más alegre que en el pasado y comprobaréis la verdad de lo que os dije, puesta mi confianza sólo en Jesucristo: Dios ante todo y sobre todas las cosas del mundo.

Por supuesto, yo no sé nada; es Jesucristo quien lo sabe todo: por eso confío en que, con su ayuda, recibiréis muy pronto el consuelo de ver a vuestro muy humilde marido, al cual yo tanto quiero y amo, ya que estoy en deuda con él por sus continuos favores.

8.Cuántas veces me ha sacado de apuros y me ha librado de las deudas, consolándome con su bendita limosna!

Ya los ángeles en el cielo se la tienen asentada en el libro de la vida, formando un gran tesoro, para que cuando vayáis allá, buena Duquesa, gocéis para siempre de él, vos y vuestro humilde marido, el buen Duque de Sesa.

Quiera nuestro Señor Jesucristo traerlo pronto a vuestra presencia y daros hijos de bendición: así tendréis un motivo más para darle gracias -como siempre se las dais por todo lo que él hace y por todo lo que nos da, pues aunque algunas veces permite que pasemos trabajos y angustias, todo es para nuestro provecho y mayor merecimiento.

9.No hallo mejor remedio ni mayor consuelo para cuando me encuentro atribulado, que mirar y contemplar a Jesucristo crucificado, pensando en su santísima pasión y en los trabajos y angustias que padeció en esta vida: y todo por nosotros, pecadores, malos, ingratos y desagradecidos.

Ahora bien, si consideramos los muchos trabajos que el Cordero sin mancha padeció sin merecerlos, ¿ vamos nosotros a desear y a buscar descanso y placer?

En un mundo donde Jesucristo, nuestro creador y redentor, tuvo tantos padecimientos y dolores, ¿qué esperamos nosotros tener?

10.or tanto, buena Duquesa, si bien nos fijamos, esta vida no es otra cosa que una guerra continua en la que siempre estamos empeñados, mientras nos encontramos en este destierro

y valle de lágrimas, combatidos en todo momento por tres enemigos mortales: el mundo, el diablo y la carne.

11.El mundo nos atrae con sus vicios y riquezas, y prometiéndonos una vida larga; es como si nos dijera: ¡Anda, que eres joven, goza de la vida, ya te enmendarás a la vejez!

12.El diablo nos ataca tendiéndonos lazos y redes en los que caigamos y tropecemos, para impedimos hacer el bien y practicar la caridad; hace también que nos preocupemos demasiado de los bienes temporales, para que no nos acordemos de Dios ni del cuidado que hemos de tener de nuestra alma, purificándola y adomándola con buenas obras: por lo cual,

no hemos salido de una preocupación cuando ya nos hemos metido en otra; o nos engañamos, diciéndonos: “ahora, apenas termine este negocio, quiero enmendar mi vida”.

Y así, de “ahora” en “ahora”, nunca acabamos de salir de los embaucamientos del demonio,

hasta que llega la hora de la muerte y descubrimos la falsedad de lo que el mundo y el diablo prometían.

Por tanto, ya que el Señor nos juzgará según nos hallare, bueno será enmendamos a tiempo y no hacer como los que dicen una y otra vez: “mañana”, “mañana”, y nunca empiezan.

13.El otro enemigo, el más peligroso, es como un ladrón doméstico que tenemos dentro de casa: aparentando buenas palabras y modales atentos, trata siempre de llevamos a la perdición.

Hablo de la came o cuerpo nuestro, que no quiere sino buena comida, buena bebida, vestir bien, dormir, poco trabajo, lujuriar y vanagloriarse.

14.Para luchar contra estos tres enemigos necesitamos mucho el favor, la ayuda y la gracia de Jesucristo; tenemos que despreciamos del todo a nosotros mismos mirando al todo, que es Jesucristo, y confiando sólo en él; hemos de confesar con verdad todos los pecados, al pie del confesor, y cumplir la penitencia que nos impusiere, con el propósito de nunca más pecar, sólo por Jesucristo; y, si pecáremos, confesarnos a menudo.

15.De esta manera podremos vencer a los enemigos que he dicho.

Por consiguiente, no fiamos de nosotros mismos, porque caeríamos mil veces al día en pecado, sino confiar únicamente en Jesucristo; sólo por su amor y bondad, evitar todo pecado, toda murmuracion, no haciendo nunca mal ni daño al prójimo, sino queriendo para él lo que querríamos que nos hiciesen a nosotros, y deseando que todos se salven; amar y servir a Jesucristo sólo por quien él es y no por temor del infierno.

Y en cuanto al confesor, si fuere posible, que sea bueno y docto, de buena fama y de vida santa.

Todo esto, hermana mía en Jesucristo, lo sabéis vos mejor que yo; por eso, cuando vos quisiereis enviarme algún buen consejo, yo lo recibiré con mucho agrado, como de hermana mía en Jesucristo.

16.Y ahora, hermana mía muy amada y muy querida, enviadme a decir cómo estáis y cómo os va, sobre todo después de que se marcharon Don Alvaro y Don Bernardino, vuestros muy nobles, virtuosos y humildes tíos, hermanos míos en Jesucristo, a quienes yo tanto quiero.

Dios les pague la buena acogida que siempre me hicieron y siguen haciendo dondequiera que me encuentran; que nuestro Señor Jesucristo los premie acogiendo sus almas en el cielo

y que los conduzca sanos y salvos ante vuestra muy humilde madre, la muy noble, virtuosa y generosa Doña María de Mendoza, siempre deseosa de agradar y servir a nuestro Señor Jesucristo.

17.Enviadme a decir cómo llegaron y cómo les va; dadme también alguna noticia del buen Duque, vuestro muy humilde marido, pues de todo lo bueno que le ocurra me alegraré sobremanera: decid me qué tal le va y cómo y en dónde se encuentra.

Quiera nuestro Señor Jesucristo traerlo pronto, sano de cuerpo y alma, tanto a él como a todos los que le acompañan, y a cuantos Dios quisiere y tuviere por bien.

Amén, Jesús.

18. ¡Oh hermana mía muy amada, buena y humilde Duquesa!

¡Qué bien lo hacéis, sola y apartada en ese castillo de Baena, rodeada de vuestras muy virtuosas doncellas y de dueñas tan honradas y honestas, ocupándoos de día y de noche en vuestros quehaceres y labores, para no estar ociosa ni gastar el tiempo en vano!

Queréis así seguir el ejemplo de nuestra Señora la Virgen María, siempre entera, que a pesar de ser Madre de Dios, Reina de los ángeles y Señora del mundo, ocupaba el día en el trabajo, para procurarse el sustento, y por la noche, y también parte del día, oraba en su retiro, para enseñamos que, terminada la jornada, hemos de dar gracias a nuestro Señor Jesucristo porque usa con nosotros de tanta misericordia, dándonos la comida, la bebida, el vestido y todas las cosas, sin merecerlo; ya que si él no nos ayudase,¿de qué valdrían nuestro esfuerzo, ingenio y diligencia?

19.Con razón, pues, estáis siempre trabajando y ocupada en obras de misericordia: bien haciendo recitar a unos y a otros la doctrina cristiana y las cuatro oraciones que manda la Santa Madre Iglesia, bien tratando de enseñar al que no sabe; además, siempre tenéis presente la pasión de nuestro Señor Jesucristo y sus preciosas llagas; y decís que le amáis a él solo más que a todas las cosas del mundo; y queréis y amáis lo que él quiere y ama; y aborrecéis lo que él aborrece; y por su amor y bondad, no por otro interés, queréis hacer el bien y la caridad a los pobres y personas necesitadas.

20.Y ahora, hermana mía, tengo que pediros perdón por ser siempre tan prolijo al escribir; si bien no os escribo todo lo que yo quisiera, pues me encuentro muy atribulado, incluso malo de los ojos, y con mucha necesidad.

¡Nuestro Señor Jesucristo sea mi testigo!

Pues con esta obra que he comenzado me encuentro en gran dificultad, ya que estoy renovando todo el hospital y son muchos los pobres que atender y grande el gasto que aquí se hace; y todo esto hay que costearlo sin renta.

Gracias a que Jesucristo lo provee todo, pues sin él yo no podría hacer nada.

21.Yo querría salir pronto por Andalucía, llegándome hasta Zafra y Sevilla, pero no puedo hacerlo antes de terminar esta obra, para no perjudicarla con mi ausencia; y así, estoy con tantas deudas y en tan gran necesidad, que no sé cómo arreglarme.

Por tanto, hermana mía muy amada en Jesucristo, ahí os envío a Angulo para que venda el trigo o lo traiga, lo que mejor os pareciere; pero, sea como sea, lo que necesito pronto es dinero para esta obra y para pagar algunas deudas, que me sacan los ojos. *

Por otra parte, tampoco tengo con qué pagar a los que habrían de traer el trigo, pues el costo de los portes es grande: así que me parece mucho mejor venderlo.

En fin, vos veréis, hermana mía, lo que pensáis y lo que conviene hacer.

22.Angulo lleva el vale del trigo y mi poder, que mandé hacer yo a un escribano: por amor de nuestro Señor Jesucristo, sea de la manera que sea, que no se venga sin algún socorro.

Tan pronto como Angulo vuelva, saldremos para Sevilla y para Zafra a ver al Conde de Feria y al Duque de Arcos, aprovechando que el Maestro Avila está allí ahora, pues ha ido a visitarlos: tal vez nuestro Señor Jesucristo querrá que me saquen de algún apuro.

Me parece mejor ir yo personalmente que limitarme a enviar cartas, pues tienen tantos negocios entre manos y tantos pobres a los que dar limosna, que si no está uno delante fácilmente se les olvida lo que se les envía a decir; de lo cual no hay que extrañarse, pues es mucho lo que los pobres acosan a estos señores, importunándolos en todo momento.

El mismo Maestro Avila es quien me envía a decir con Angulo que me llegue allá.

23.Hermana mía en Jesucristo, que nuestro Señor os pague en el cielo la limosna de cuatro  ducados que disteis a Angulo para aquellas pobres y para su viaje. *

Ya me lo contó todo y me dijo cómo os condolíais de mis trabajos; perdonadle el no haber pasado por ahí a la vuelta, pues no pudo hacerlo a causa de unas cartas.

Y ahora, hermana mía muy amada en Jesucristo, por amor del mismo Jesucristo, nuestro Señor, os ruego que os compadezcáis de mis trabajos, angustias y necesidades, a fin de que Dios tenga misericordia de vos y de todas vuestras cosas, y también de cuantos El quisiere y fuere de su agrado.

Amén, Jesús.

24.Hermana mía, buena Duquesa, saludaréis en mi nombre a vuestra muy virtuosa ama: decidle que ruegue a Dios por mí, que lo mismo haré yo por ella; y también a todas las dueñas y doncellas de vuestra noble casa, tan humildes y virtuosas: que todas rueguen a Dios por mí, pues estoy en una gran lucha y batalla.

Asimismo daréis mis recuerdos a Mosén Juan, hermano mío muy querido: que me escriba cómo está y cómo le va; y de la misma manera a todos los caballeros y criados de vuestra muy noble casa:

25.que todos rueguen a nuestro Señor Jesucristo a fin de que me dé gracia y favor para vencer al mundo, al diablo y a la carne, y para guardar sus santos mandamientos; igualmente, para que me conceda aceptar y creer todo lo que tiene y cree la Santa Madre Iglesia, confesar con verdad y contrición todos mis pecados, cumpliendo la penitencia que me fuere impuesta por el confesor, y amar y servir sólo a Jesucristo: así lo pediré yo para ellos al Señor.

Mis saludos también a Doña Isabel, la música: decidle de mi parte que nuestro Señor Jesucristo le conceda crecer más y más en las virtudes.

26.Os envío, pues, a Juan de Avila, que es compañero mío -aunque yo siempre lo llamo Angulo, su verdadero nombre es Juan de Avila-.

Hermana mía muy amada, la buena Duquesa de Sesa, enviadme otro anillo o cualquier cosa de las vuestras para tener algo que empeñar; el que me disteis anteriormente ha sido bien empleado, pues ya lo tenéis en el cielo.

Asimismo, la muy humilde ama y todas las dueñas y doncellas, si tienen alguna cosa de oro o plata que puedan enviarme para los pobres y para colocar en el cielo, que me la envíen para así acordarme de ellas.

Nuestro Señor Jesucristo os salve y os guarde, buena Duquesa, a vos y a todos los de vuestra casa, y a cuantos Dios quisiere y tuviere por bien.

Amén, Jesús.

y tanto si no me envían nada, como si me mandan alguna cosa, siempre me sentiré en gran obligación de rogar a Dios por todas las personas de vuestra casa y noble morada.

27.Vuestro desobediente y menor hermano, Juan de Dios (si Dios quisiere, muriendo; mas, empero, callando y en Dios esperando), * el que desea la salvación de todos como la suya misma.

Amén, Jesús.

Buena Duquesa, muchas veces me acuerdo de cómo me regalabais en Cabra y en Baena y de aquellos migajones de mollete que me dabais.

Dios os dé el cielo y os colme de sus bienes.

Amén, Jesús.

NOTAS

Al número 3:

“Sobrina”: esta palabra, debido quizás a la dificultad que presenta su lectura en el original, por desperfectos existentes en el papel, ha venido transcribiéndose en masculino (cfr. O. MARCOS, Cartas y escritos..., Madrid 1935, pág. 24; GOMEZMORENO, Primicias históricas..., pág. 149), pero las razones, tanto de tipo caligráfico como, sobre todo, histórico, están a favor de la lectura en femenino. Sabemos, en efecto, que esta doña Francisca era nieta del primer Marqués de Mondéjar y sobrina del heredero en el titulo, D. Luis Hurtado de Mendoza y Pacheco, segundo Marqués de Mondéjar, puesto que éste era hermano mayor de D. Bernardino, el padre de esta virtuosa doncella (cfr. R. Sauceda, “Ensayos históricos”, en “Paz y Caridad” 1953, páginas 159-163; 1954, páginas 19-21).

Al número 5:

A una de estas visitas, hecha a doña Francisca en su residencia de Alcaudete (Jaén), se refiere San Juan de Dios en otra de sus cartas (cfr. lDS 3).

Al número 21:

“Sacar los ojos” a uno: apretarle e instarle con molestia a que haga una cosa (cfr.

Diccionario Manual de la Real Academia, ed. 1950, palabra OJO). “Deudas que me

sacan los ojos”: con esta frase figurada y familiar, San Juan de Dios manifiesta su preocupación por satisfacer las justas exigencias de algunos de sus acreedores (cfr. lGL 4; 2GL 17).

Al número 23:

Cfr. lDS 17.

Al número 27:

Cfr. LB, nota al número 19.

 

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TERCERA CARTA A LA DUQUESA DE SESA

Tampoco de esta carta poseemos el original. En 1623 se encontraba en poder del licenciado Francisco Varela, administrador del hospital de San Lázaro de Granada. El texto que aquí se transcribe es el de una copia pública, sacada de dicho original. Esta copia se conserva en el archivo general de la Orden, en Roma, y está autenticada por el notario apostólico Antonio López, en Granada, el 28 de agosto de 1623; junto con los documentos que acreditan su autenticidad, ocupa dos folios de 31 por 21 centímetros.

 

TERCERA CARTA A LA DUQUESA DE SESA

1.Entréguese esta carta a la humilde y generosa señora Doña María de los Cobos y Mendoza, esposa del noble y virtuoso señor Don Gonzalo Fernández de Córdoba, Duque de Sesa,

hermanos míos en nuestro Señor Jesucristo.

2.En el nombre de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Señora la Virgen María, siempre entera.

Dios ante todo y sobre todas las cosas del mundo.

Amén, Jesús.

Dios os salve, hermana mía en Jesucristo, la buena Duquesa de Sesa, a vos y a todos los de vuestra casa, y a cuantos Dios quisiere y fuere de su agrado.

Amén. Jesús.

3.El gran amor que siempre os he tenido, a vos y a vuestro humilde marido, el buen Duque,

hace que nunca pueda olvidaros.

Es mucho lo que os debo y lo que tengo que agradeceros, pues en mis trabajos y necesidades siempre me habéis ayudado y socorrido, con vuestra bendita limosna y caridad,

para sustentar y vestir a los pobres de esta casa de Dios y a los de otras muchas de fuera.

Muy bien lo habéis hecho siempre, como buenos mantenedores y caballeros de Jesucristo;* por eso, buena Duquesa, siento la necesidad de escribiros esta carta, pues quizás ya no os veré ni hablaré más.

¡Que Jesucristo os visite y os hable por mí!

4.Es tan grande el dolor que me causa esta enfermedad, que apenas puedo pronunciar palabra; por lo cual no sé si podré llegar a terminar esta carta.

Mucho es el deseo que tengo de veros: por tanto, rogad a Jesucristo que, si es voluntad suya, me dé la salud que él sabe que yo necesito para salvarme y para hacer penitencia de mis pecados.

Si al Señor agradar e sanarme, una vez repuesto, pienso ir a visitaros y a llevaros las niñas que me habéis pedido.

Hermana mía en Jesucristo, mi intención era ir a veros durante la pascua de Navidad, pero Jesucristo lo dispuso todo mucho mejor de lo que yo merecía.

5.¡Oh buena Duquesa! ¡Jesucristo os pague en el cielo la limosna y santa caridad que siempre me hicisteis! ¡Que él os traiga sano y salvo al buen Duque, vuestro muy generoso y humilde marido, y os dé hijos de bendición!

Yo espero en Jesucristo que así será: acordaos siempre de lo que os dije un día en Cabra.

Poned vuestra confianza sólo en Jesucristo; estad segura de que él os consolará, pues aunque ahora tengáis que pasar trabajos, al final os servirán de mayor felicidad y gloria, si todo lo padecéis por Jesucristo.

6.¡Oh buen Duque! ¡Oh buena Duquesa! ¡Que Dios os bendiga, y a todo vuestro linaje!

Ya que no puedo ir a veros, os mando desde aquí mi bendición, aunque indigno pecador: “Dios que os hizo y os creó, os dé gracia para que os salvéis.

Amén, Jesús.

La bendición de Dios Padre, el amor del Hijo y la gracia del Espíritu Santo, esté siempre con vosotros, con todos y conmigo.

Amén, Jesús.”

Que Jesucristo os consuele y socorra, ya que por él me ayudasteis y socorristeis, hermana mía en Jesucristo, la buena y humilde Duquesa.

7.Por si fuere voluntad de Jesucristo sacarme ahora de la vida presente, aquí dejo un encargo

para cuando vuelva mi compañero Angulo que ha ido a la corte -por cierto que queda muy necesitado, con su mujer, por lo cual os pido que miréis por él-: le mando que os lleve mis armas, consistentes en tres letras bordadas con hilo de oro; están sobre raso rojo y las tenía yo guardadas desde que entré en batalla con el mundo.

Guardadlas cuidadosamente, con la cruz que está por detrás del paño, para dar las al buen Duque cuando Dios os lo traiga sano y salvo.

8.Dichas letras están sobre raso rojo para que siempre tengáis presente la sangre que nuestro Señor Jesucristo derramó por todo el género humano y para que os acordéis en todo momento de su sacratísima pasión, ya que no hay contemplación más alta que la de la pasión de Jesucristo y, con la ayuda de nuestro Señor, todos los que de ella fueren devotos

obtendrán la salvación.

9.Las letras son tres en número, puesto que son tres las virtudes que nos encaminan al cielo: la primera es la fe, que nos lleva a creer todo lo que cree y profesa la Santa Madre Iglesia, y a guardar sus mandamientos, poniéndolos por obra; la segunda es la caridad, virtud que hemos de practicar primero con nuestras almas, purificándolas con la confesión y penitencia, y luego con nuestros prójimos y hermanos, queriendo para ellos lo que queremos para nosotros; la tercera es la esperanza en Jesucristo solo, que nos da la certeza de que a cambio de los trabajos y enfermedades que por su amor pasáremos en esta vida miserable, nos dará la gloria eterna, por los méritos de su sagrada pasión y por su gran misericordia.

10.Las letras están en hilo de oro porque así como el oro, que es un metal tan estimado, para que adquiera el brillo y el color que lo hacen más apreciado, primero es apartado de la tierra y escoria en que se encuentra y después se le pasa por el fuego para acabar de limpiado y purificado, así es conveniente que el alma, que es una joya de tanto valor, se aparte de los deleites y placeres desordenados de la tierra y quede sola con Jesucristo para ser purificada en el fuego de la caridad, con trabajos, ayunos, disciplinas y áspera penitencia: de este modo se ganará el aprecio de Jesucristo y aparecerá en todo su esplendor ante el acatamiento divino.

11.Las cuatro esquinas de este paño representan las otras cuatro virtudes, que acompañan a las tres de las que hemos hablado primero; son las siguientes: prudencia, justicia, templanza y fortaleza.

La prudencia nos indica que hemos de comportamos con sensatez y cordura en todas las cosas que hagamos o intentemos, pidiendo consejo a los mayores y a los que tienen más experiencia.

Con la justicia quiero decir que hay que ser justo, dando a cada uno lo que le pertenece:

lo que es de Dios, dado a Dios, y lo que es del mundo, dado al mundo.

La templanza nos enseña a usar con sobriedad y moderación todo lo referente a la comida y bebida, al vestido y a las demás cosas necesarias para el mantenimiento del cuerpo humano.

La fortaleza nos dice que hemos de ser fuertes y constantes en el servicio de Dios, recibiendo con rostro alegre los trabajos, fatigas y enfermedades, como hacemos con la prosperidad y el consuelo, y dando gracias a Jesucristo por lo uno y por lo otro.

12.El paño tiene por detrás una cruz en forma de aspa: es un símbolo de la cruz que han de llevar todos los que quieran salvarse, cada uno como Dios disponga y según la gracia recibida, pues aunque todo lo que Dios da conduce al mismo fin, cada uno va por su camino, en la forma en que Dios le lleva: y así unos son frailes y otros clérigos, unos ermitaños y otros casados; por tanto, cualquiera que sea el propio estado, puede uno salvarse en él si quiere.

Todo esto, buena Duquesa, lo sabéis vos mucho mejor que yo, por eso me complazco hablando de ello con quien sé que me entiende.

13.Tres cosas debemos a Dios: amor, servicio y reverencia.

El amor, porque es nuestro Padre celestial y merece que le amemos sobre todas las cosas del mundo.

El servicio porque, como dueño y Señor, es digno de que le sirvamos sólo por su bondad, no por el interés de la gloria que ha de dar a los que le sirvieren.

La reverencia, porque es nuestro Creador, y así, no hemos de pronunciar su santo nombre

si no fuere para darle gracias y bendecirle.

14.En tres cosas habéis de gastar el tiempo cada día, buena Duquesa: en la oración, en el trabajo y en el mantenimiento del cuerpo.

En la oración, dando gracias a Jesucristo, apenas os levantéis por la mañana, por los favores y beneficios que os hace continuamente, pues nos ha creado a su imagen y semejanza y nos ha concedido la gracia de ser cristianos; asimismo, pidiéndole misericordia para que nos perdone y rogando a Dios por todo el mundo.

En el trabajo, ocupándonos corporalmente en alguna obra buena, para no comer nuestro pan de balde y para imitar a Jesucristo que trabajó hasta la muerte; y, además, porque no hay cosa que engrendre más pecados que la ociosidad.

En el mantenimiento de nuestro cuerpo, porque así como un arriero cuida y mantiene un animal para servirse de él, del mismo modo conviene que demos a nuestro cuerpo lo que necesita a fin de que de esa manera tengamos fuerzas para servir a Jesucristo.

15.Hermana mía, muy amada y muy querida, os ruego, por amor de Jesucristo, que tengáis siempre presentes estas tres cosas: ante todo, la hora de la muerte, de la cual nadie se librará; y además, las penas del infierno y la bienaventuranza gloriosa del paraíso.

Acerca de la primera hemos de pensar  cómo con la muerte acaba y desaparece todo lo que este mundo miserable nos da, no dejándonos llevar con nosotros sino un pedazo de lienzo roto y mal cosido.

En cuanto a lo ségundo recordemos que por unos deleites y pasatiempos tan fugaces y pasajeros, si en pecado mortal morimos, deberemos pagar eternamente con el fuego del infierno.

En tercer lugar hay que considerar la gloria y bienaventuranza que Jesucristo tiene reservada para los que le sirven: lo que nunca el ojo vio, ni el oído oyó, ni el corazón pudo pensar.

16.Así que, hermana mía en Jesucristo, sin dilación alguna, esforcémonos todos, por amor del Señor, y no nos dejemos vencer de nuestros enemigos, el mundo, el diablo y la carne.

Sobre todo, hermana mía, tened siempre caridad, pues ella es madre de todas las virtudes.

17.Hermana mía en Jesucristo, mucho me molesta este dolor y no me deja escribir.

Voy a descansar un poco, porque quiero escribiros largamente, ya que no sé si nos veremos más.

Jesucristo esté con vos y con todos los de vuestra casa... *

 

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APÉNDICE

DOCUMENTOS INÉDITOS

1.Sermón del Maestro Juan de Avila el 20 de enero de 1534

Sermón que predicó el Maestro Avila el 20 de enero de 1534 en la fiesta de San Sebastián y San Fabián en Granada

            BV. Roma, Ms. H. 76, f.533-535v, Obras Completas (1537)

Sermo Authographus Habitus Á Ven. Servo Dei Joanne de Ávila. Die Sanctorum Fabiani et Sebastiani Martyrum [(532r, letra del s. XVIII). “No es nota” (533, de mano posterior)].

Sermón del Maestro, San Juan de Ávila, predicado en la fiesta de los santos Fabián y Sebastián, el día 20 de enero de 1534, y que motivó la entrega al Señor de San Juan de Dios:

[534r] Si el Señor no bajara del monte a la llanura, scilicet ab altitudine suae maiestatis ad nostram humanitatem ca[rne sanan]dam, ¿qué fuera de nosotros? En nuestras enfermedades nos quedáramos. Si el Señor no se quitara la vestidura de su grandeza, disimulándola, y se ciñera con la toballa de nuestra humanidad, por lavar se quedaran los hombres, llenos de sus miserias y suciedades. Si el gran Asuero no se aficionara de Ester, toda su generación pereciera en un solo día. Si Josef no bajara en Egipto, de hambre murieran sus hermanos. Si el Señor no bajara en la zarza y al fuego en poder del Faraón se quedaran los israelitas. Id est, si amore nostri flagrans non descendisset Christus ad labores nostros sumendos captivi mansissemus. Mas bajando el Señor del monte, atrévense a llegar los cojos y los ciegos y todos los enfermos, y todos cobran salud. Más ¿qué fuera si no bajara? Y si de no bajar su Majestad nos viniera tanto mal, ¿qué será o qué diremos de los que, habiendo bajado a dar salud al enfermo, y vista al ciego, y pies al cojo, y vida al muerto, siendo ellos tales ciegos, cojos, enfermos y muertos, ni llegan al Señor ni cobran salud, etc.? ¿En qué lugar ponemos esta gente? -¿Qué dijéramos, señores, de los enfermos que viendo a Cristo hacer tantas mercedes y dar tanta salud, estando él enfermo, no quisiese llegar a tocar a Cristo y sanar? Padre, diríamos que no quiere salud y que ama la enfermedad. ¿Qué diríamos del que estuviese en poder de turcos preso, y llevasen para él rescate y no lo quisiese recibir? Padre, que ama su captiverio, y que el demasiado amor que tiene al amo, que lo tiene captivo. Pues, hombre, ésa es la verdad, no hay otra. La causa, pues, que tú habiendo traído Cristo remedio, etc.,... te estás, etc., es porque amas al captiverio, al pecado, a ese para cuya destrucción vino Cristo, y bajó del monte de la alteza a se subir al monte Calvario.

A ése amas más que a Cristo. Ese templo de ídolos, que son los pecados, por cuya caída el Sansón, quiere morir, amas tú más que a Sansón. Al demonio que te tiene captivo, amas más que al que te vino a redimir. Mira la gran traición que haces. -Pues, ¿qué será de ésta? ¿Qué obrará en ésta la venida de Cristo? -El bajar del monte no sólo obrará salud, sino perdición mayor que si no hubiera venido; porque ansí como Cristo en carne es lo que hace

más en la balanza de la salud de aquellos que, etc., ansí lo que hará más en la balanza de la damnación del hombre, será el haber venido en carne y no se haber aprovechado, etc. Mandaba Dios en la ley que, viniendo el año del jubileo, fuesen libres los que estaban captivos; mas si, venido el año del jubileo, [534v] alguno dijere: “Quiero bien a mi amo, no le quiero dejar”, mandaba Dios que a este tal le hiciesen esto y esto, etc., y quedase por perpetuo esclavo, etc. Vide et applica.

¡Ah, señores, que esta gente que hoy sanó el Señor se ha de levantar en juicio y nos ha de condenar, como los de Nínive a los de Israel porque éstos, al olor y al sabor de la salud de sus cuerpos, se van tras Cristo; y llegan a Cristo, y reciben salud de Cristo; y que nosotros, en quien hay más cognoscimiento que [en] aquella gente vulgar, y por quien ha dado la sangre, que entonces no había derramado, no queremos llegarnos a él, para sanar de mayores enfermedades!

Cuanto es mayor el alma que el cuerpo, y mucho mayor sin comparación, porque difiere cuanto difiere Dios de lo criado, la diferencia de la enfermedad del cuerpo y la del ánima, sin pecado, cual es la ignorancia, el error, etc.

Esa hay diferencia: la que hay del cuerpo a alma. Mas entre el pecado que hace perder a Dios, y la enfermedad, [que] la hace perder la salud del cuerpo, diferencia hay cuanto hay de Dios a la salud corporal.

¿Qué miseria es ésta, señores, que nos haya hecho el Señor merced de que seamos de los que siguen a Cristo en lo llano y oímos su doctrina y predicación, pues somos llamados a su fe, mediante la cual somos cristianos, y que, habiéndonos puesto en este sitio tan alto, por no llegar a Cristo, ¡nos quedamos enfermos!? ¡Cosa digna de llorar! Llega, hombre, a la salud, etc., y mira cómo llegas. No llegues a lo comprimir, sino llega a le tocar, etc.

Aquí lo de magister, turbae te comprimunt, etc. Y que éste es el mal: que apretamos a Cristo, no le tocamos; y el mal de los que le tocan y sacan virtud de él, es que no le dan ancho lugar, nam cuanto más arrojo, más mercedes da, p[rout] de vidua in vascula: cuanto mayor era el vaso que llegaba, más le daban de aceite, etcétera.

Pues yo os certifico que, si supiésedes qué cosa es llegaros a Cristo, que no huyésedes tanto y que os diésedes más prisa a llegar a Él, aunque fuese por medio de las espinas y de las puntas de las picas. Si no mirad lo que dice en el evangelio de hoy a sus discípulos: Beati pauperes, beati, etc.

¿Queréis saber qué cosa es, llegarse a Cristo y ser discípulo de Cristo? Pues aquello que en ellos parece a los ojos del mundo más trabajoso, más miserable y más lleno de humildad, eso es más excelente que lo [535r] más preciado que tienen los que no son discípulos de Cristo.

¿Queréis vedo claro? ¿Qué es lo que más los hijos de este siglo huyen? La pobreza, el llanto, la persecución. ¿Qué es lo más próspero? Las riquezas, las honras, las risas. Pues, si ansí es, oyamos la sentencia del Señor y díganos su Majestad qué diferencia hay del llanto de vuestros discípulos, qué es lo más desechado del mundo, a la risa de los del mundo, que es lo más preciado que ellos tienen. Oí la sentencia, oí la adversidad. Que el llanto del discípulo de Cristo es bienaventuranza, y la risa del mundo es gemido, dolor y ¡ay de él! Sentencia es de quien mentir no puede, sentencia de quien no se puede engañar ni engañarnos.

Y si queréis oír la causa, es porque al llanto y a la pobreza, y a la persecución de los suyos, le pone Dios una salsa tan sabrosa, que les sabe mejor que todas las risas y riquezas de los mundanos. Una es ver que es medio aquél para alcanzar a Dios y venir a gozar de Él para siempre, donde carezca de todo dolor y el mismo Señor los regale tanto, que con sus propias manos limpie las lágrimas de sus ojos. Esto es lo que hizo a Moisés menospreciar la casa del rey Faraón, y ser tenido por hijo de su hija, y preciar más el ser perseguido y desterrado. Respiciebat enim, etc. (Vide et dic).

Esto es lo que hizo a estos santos querer más esto y esto que esto y esto. Esto es lo que hace a unas doncellas despreciar, etc. ¿Queréis otra salsa que les convierte sus lágrimas en gozo y sus pobrezas les hace más sabrosas que, etcétera? Ver que es el camino éste de su capitán. Ver a Cristo, etc. (Dic et amplia).

Pues con todo esto, etc., no se contenta el Señor, ni solamente da este azúcar a los trabajos y se los hace más sabrosos que lo más sabroso del mundo; mas suele muchas veces de sus deshonras sacarles honrados, de sus persecuciones sacados triunfantes, y de sus pobrezas riquísimos.

Si no, mirad a un Moisés, que, porque le supo mejor el abatimiento por Dios que el ser estimado sin Dios, le levantó tanto Dios que lo hizo caudillo y gobernador de más y mejor gente, que no si fuera señor y rey de todo Egipto, cuya gloria él menospreció.

Mirad a un Josef, que de ser vendido como esclavo y perseguido de sus hermanos, y de la cárcel donde está preso, como si fuera malhechor, lo saca para ser gobernador de todo Egipto y ser adorado de los que le vendieron y persiguieron. Mirad un Mardoqueo, que de, etc.

¡Cuán al revés en lo[s] que no sirven a Dios! Su risa es llanto; su riqueza, pobreza; su mandar es ser captivos; y eso porque ponen ellos su risa, y su riqueza, y su alegría en cosas llenas de ponzoña, que antes que las tomen en la boca les han inficionado el corazón y los han muerto.

Ponen su riqueza en tomar lo ajeno, y su alegría en oprimir al prójimo, y su contento en el deleite de las bestias. Cosas tan llenas [535v] de veneno, de culpa, que antes que las hagas, sólo que las quieras, te matan y abrasan el corazón con muerte de pecado, que es la mayor de las muertes.

Ves aquí, hombre mundano, hombre que no quiere servir a Dios, por qué las cosas de tu mayor prosperidad son, sin comparación más miserables que toda la miseria. Porque pones tu felicidad en beber la leche que bebió Sisarac, pareciéndote sabrosa, y es ese aparente sabor para adormecerte y enclavarte con la tierra.

Es lo más preciado que tú tienes, como los regalos de Dalila para te adormecer con ellos, y sacarte los ojos, y atarte de pies y manos con cadenas, y que hagan burla de ti los filisteos. Es lo que tú quieres y amas con tanto amor y deseo, la escudilla de lentejas de Esaú, que, a trueque de hartar la hambre de tu bruta sensualidad, das el mayorazgo del cielo, y lo que peor es que, acabado de vender, te vas riendo como si nada te faltara.

¿Quieres saber más, por qué lo más colmado de lo próspero de los malos es más miserable que lo más desastrado de los discípulos de Cristo?

Y aquello se llama gloria, y tu alegría llanto, porque aun la riqueza buena, que te viene sin pecado; la honra que te viene sin pecado, el alegría que te viene sin pecado; todo lo cual te envía Dios como agua limpia, para que, cayendo en tu alma, la hablande y mueva a ser agradecida a Dios, que te envió esos bienes, eres tú tal que en ese agua limpia echas tierra de desagradecimiento y de mal uso de lo que Dios te da y haces barro y lodo con que ciegas y quedas enlodado.

Si te da Dios honra, que había de ser para te mover a amar y servir al que te la envía, etc., no sólo no se lo agradeces, antes usas de ella como de espada contra Dios y contra tu alma porque con ella te ensorbedeces y vienes a oprimir, etc. Et sic de aliis (pone exempla, et poteris de hoc adducere exempla Scripturae. Quaere et invenies et pones haec, et sic finis).

[Quando se diga que los buenos su lloro es risa y los malos al contrario, es bueno aquello de Isaías 61, quoniam venit Christus pro lugentibus, etc., et dabit coronam pro cinere, oleum gaudii pro luctu, etc.

Item, como en los malos es al contrario de los buenos, que aun acá su risa se torna en lloro, su mundo en captiverio, ut patet de Aman, de la privanza a la horca; et de Nabucodonosor, del banquete a la sepultura. Et sic de aliis, etc.]

2.MEMORIALES

El hermano Juan de Dios presenta unos memoriales a Felipe II en Valladolid San Juan de Dios presenta seis o siete memoriales a Felipe II solicitándole ayuda para los hospitales de Granada, Valencia y Lisboa

AGS, Cámara de Castilla, lego 405, f.37 (92) (1548)

S. C. R. M.

El hermano Juan de Dios dize que estos días passados ha dado a V. M. seys o siete memoriales significando en nombre de los pobres de Jesucristo el mucho detrimento en que están en esta casa de V. M. que por no aver camas ni adonde acogerlos muchos de ellos y ordinariamente mueren por los suelos y sin confessión, y a los que se admiten están en parte que los tememos quando ha de venir la casa sobre ellos como sea cierto que las mulas y cavallos de qualquier súbdito de V. M. en esta corte tienen mejores cavalIerizas. Siempre V. M. le ha remitido a diversas personas que han hecho en ello muy poco y nada, y el cardenal a qual se remittió el último no se ha acordado más dé!. También dio otro memorial supplicando por licencia para meter al hospital de Valencia quinientas hanegas de trigo, porque mueren en el de necessidades de pan cada un año sobre seys mil pobres, pues el también ha de traer confituras para este hospital de V. M. de la misma Valencia. Suplica

a V. M. sea servido acordarse de los pobres de Jesucristo que padecen en esta casa y dar la licencia para passar el trigo a Valencia por que el no ha de disistir hasta que V. M. les haga merced y limosna.

Proveydo.

3.El hermano Juan de Dios solicita a Felipe II traer confitura para el hospital

San Juan de Dios presenta este memorial a Felipe II solicitándole le conceda prórroga para traer del reino de Valencia confituras para el hospital

AGS, Cámara de Castilla, lego 395, f.89r (1548)

S. C. R. Md.

El hermano Juan de Dios que sirve el hospital real desta Corte dize que Vuestra Majestad le hizo merced de que pudiese sacar del reino de Valencia y traer a esta Corte para los pobres del dicho hospital seys cientos ducados de conservas Y confituras y no ha traydo sino trescientos, falta de traer otros trescientos y el término de la merced es pasado. Suplico a Vuestra Majestad sea servido que se le haga merced de prorrogar el tiempo para que pueda

traer los dichos trescientos ducados sin pagar ningunos derechos, como se contiene en la cédula de merced, porque es para servicio de los pobres en lo qual Su Majestad hará servicio a Dios y él recibirá merced y limosna.

Informen el adminystrador Y diputados.

Dizen los diputados del dicho ospital que, siendo Su Majestad servido de hazer esta merced que pide Juan de Dios, es en mucho beneficio de los pobres del hospital real desta Corte como otras vezes lo a hecho.

Antonio de Guiñones

Sancho de Briones

Hernando de Frías

El hermano Juan de Dios.

Hecha. Hágase.

4.El hermano Juan de Dios pide prórroga a Felipe II para completar la confitura

San Juan de Dios solicita a Felipe II le prorrogue la licencia para completar de traer

de Valencia confitura para el hospital

AGS, Cámara de Castilla, lego 415 (1548)

C. R. M.

El hermano Juan de Dios dize que en días pasados V. M. le hizo merced de dalle licencia para traer ha esta seys<;:ientos ducados de confitura de Va1encia de los quales se an traydo ha esta trescientos. Suplica a V. M. mande dar su nueva cédula para activar de traer la dicha confitura ha esta en la dicha cantidad de seis cientos ducados por quanto el termino que se concedióen la dicha primera cédula se paso sin acavar de traer la otra confitura, en lo quallos pobres y yo recibiremos limosna.

Proveydo.

5.El hermano Juan de Dios solicita limosna para trasladar productos para los hospitales

San Juan de Dios suplica a Felipe II le conceda limosna para traer azúcar y confitura y los pase en trigo para el hospital de Valencia en gran necesidad

AGS, Cámara de Castilla, lego 422 (1548)

C. R. M.

El hermano Juan de Dios esclavo menor de los pobres de Jesucristo suplica a V. M. haga merced e limosna que los dineros que tiene de llevar para traer azúcar y confitura para el ospital real de esta corte de permitir que los pase en trigo, que será hasta quinientas fanegas para los pobres del ospital de Valencia, porque en el no ay pan du<;:ente para ellos, pues no puede sacar tanta limosna como desea se quiere tornar mercader de pobres, no dexando

de rogar a nuestro Señor por el aumento de vida y estado de V. magestad.

Proveydo.

6.El hermano Juan de Dios solicita a Felipe II pasar trigo para el hospital de Lisboa

Juan de Dios solicita a Felipe II para que autorice pasar trigo de España para el hospital de Lisboa

AGS, Cámara de Castilla, lego 423 (1548)

C. R. M.

Juan de Dios que sirve a los pobres del ospital real desta corte, suplica a vuestra magestad umilmente sea servido de facer merced a Duarte Fernández y Francisco de Lisboa portugueses para que puedan pasar seiscientos caices de trigo destos reinos para el de Portugal por Puerto Real y otros puertos acostumbrados, porque por lo susodicho le dan ciento y cinquenta ducados para los pobres del dicho hospital, en lo qual vuestra magestad ara servicio a Dios y [a] los dichos pobres gran merced y limosna, y si dello vuestra magestad fuera servido de se informar lo aran los oficiales y administradores del.

Al memorial.

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